Narváez: Profeta en su tierra

En una sólida actuación, sin fisuras, Omar Narváez logró su 15ª defensa ante su gente -en Puerto Madryn- demoliendo al rival mas duro que supo tener en los últimos tiempos.


En el Nuevo Palacio Aurinegro, Puerto Madryn, Omar Andrés "El Huracán" Narváez 28-0-2 (17ko) se dió cita con la historia. En frente, el invicto moreno de Augusta. Rayonta "Stingray" Whitfield 22-0 (11ko), 6 años más joven y 10 centímetros mas alto que el de Trelew.

Narváez venía sufriendo -fuera del ámbito local en que todo eran rosas- el castigo de la prensa especializada internacional que lo tildaba de "elegir rivales flojos".

Lejos quedaban sus reyertas con Sarritzu e Inom. La más cercana, -de las ponderadas fuera de estas pampas- la que en marzo de 2007 (ya van dos años de aquello) le ganara en gran forma a Brahim Asloum.

Luego, el fantasma de la lesión -prácticamente crónica- de su mano izquierda.

El escenario estaba planteado para que este ascendente púgil norteamericano barriera con un reinado que lleva ya 6 y 1/2 años.

Muy alto para la división, rápido de manos, de accionar prolijo y pegada respetable, Whitfield viajó hasta Madryn para romper un sueño. Y lograr el propio...

¿Qué decir de la actuación de Narváez?

La pelea fué como para ponerle un marco.

Salió a grabar a fuego su nombre en la historia. Desestimó evaluaciones, prescindió de reparos, dió por tierra con la posibilidad de apelar a un estilo conservador. Se lo llevó por delante a Whitfield...

Lanzó desde todos los ángulos con una precisión pasmosa. Sumó sin inconvenientes y no dejó lugar a dudas en todos los asaltos. Y a fuerza de cantidad, y por pura calidad y justeza, el alto moreno de Augusta se fué desmoronando de a poco.

Imposible sostener el huracán que este pequeño gigante desató sobre el cuadrilátero patagónico.

Como si fuera poco se floreó -desatando la euforia de las casi cinco mil almas que lo fueron a ver- esquivando con su guardia baja para contragolpear luego, con la mano que le viniera en gana, o con combinaciones de ambas...

Las diferencias se hicieron insalvables, era un abismo el que mediaba entre la calidad de uno y otro.

Narváez, en absoluto control y con notable performance, concluyó por definir en forma magistral el pleito en el 10º capítulo.

Comenzó todo con una combinación rápida de mano derecha en jab, dos izquierdas relampaguenates en recto y nueva derecha en gancho. Todas las manos al rostro de Whitfield que, algo sentido y sin recuperarse aún, recibió la segunda combinación de 4 manos: gancho de derecha, gancho de izquierda y nuevamente ambas manos. Todas conectadas...

Avanzó Narváez a definirlo y lo taladró con una izquierda en recto seguida de una derecha largada "al desgano" -porque ya se caía- y un uno-dos en el aire -mientras el árbitro detenía las acciones y decretaba el KOT10- para seguir haciendo gala de su velocidad y levantando a sus fanáticos.

Algarabía generalizada, euforia, satisfacción.

Narváez consolidó su imagen de campeón internacionalmente. Y se hizo gigante en el ámbito local.

Al margen de la comparación -en mi opinión injusta y desmedida- con Carlos Monzón. Porque esto es motivo de otro análisis...

Resumo con que Narváez ganó 15 peleas titulares y empató 1, todas de su cetro WBO mosca. Es decir de un 25% del título del mundo, ya que hay otros tres campeones (WBC-WBA-IBF). En tanto Monzón ganó 15 peleas titulares como monarca de las 160 libras. 12 como campeón unificado y 3 de ellas del WBA (en tiempos en que sólo había dos fajas por lo que representaba el 50% del título).

Pero estos son sólo números (que los "cazadores" e "inventores" de récords deberían mensurar bien antes de decir "-...superó..." o "-...igualó..." ya que la matemática es precisa).

Narváez se ganó un lugar en la historia por su trayectoria, por lo que supo demostrar sobre el entarimado. Porque convenció a propios y extraños. Porque guapeó en la más difícil. Porque sigue vigente y todavía nos puede dar mucho mas.

Espero que pronto pueda hacer una pelea de cartel, una unificación tal vez. Algo que lo ponga a su altura. Porque ya se puso a prueba y demostró que está en el mas alto nivel.

1 comentarios ¡Comenta ahora!:

VIN dijo...

La comparación con Monzón es hereje por el mismo motivo que, esta defensa número 15, merece el elogio más amplio y sin retaceos. Es esa clase de triunfos que cualquier deportista, de cualquier clase de disciplina de competición anhela tener alguna vez. Y en el caso de Narváez es doblemente significativa. Cuántas veces se señaló ese aspecto de mediocridad, que significaba que el Team Narváez -o sea los manejadores y el mismo campeón- solo perseguían la meta estadística. Que en 14 defensas solo (y de manera bastante recortada) aparecía el nombre de Asloum, recién en la décima defensa, como la única vara para medir la "estatura" del Huracán respecto de los demás monarcas entre las 112-115. Y aquel rumor de haber desechado el dinero y la gloria de un cruce con Darchinyan, Donaire u otros nombres grandes. Yo pensé que el chubutense se iba a poner viejo delante de alguno de sus paquetes y que se perdería el lujo de haberse probado y consagrado en un día de gloria. Afortunadamente ese día le llegó, se pudo probar con alguien que puede ser medida para saber como le iría con los mejores. Y ahora, como deben saber casi la mayoría de los especialistas, Narváez da mejor que nadie el peso de las 112, está fuertísimo, muy ligero, exelente de reflejos y con una experiencia y sapiencia de boxeador de antaño, curtido y caminado en este oficio, y es una verdadero desafío mayor para cualquiera que baje a pelearle en ese peso.